Más allá del Santismo y el Uribismo
- 24 ago 2017
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La polarización convierte a los pueblos, las ciudades y el país en un escenario perfecto para una batalla campal o un coliseo romano, llevando a confrontar las ideas a partir de costumbres y prácticas politiqueras que perjudican el escenario democrático.

Hace unos días al encontrarme en Mámbita, uno de los recónditos paraísos mágicos libre del smog y del ritmo acelerado de la ciudad, me tope con uno de los fenómenos particulares que sin lugar a duda puede retratar una de las situaciones de la política Colombiana, que durante los últimos años se ha destacado a lo largo y ancho de la geografía de país, la polarización.
Mámbita es una de las inspecciones de policía de Úbala, un municipio ubicado en el nororiente del departamento de Cundinamarca. Allí, la población campesina se mueve dentro de un fenómeno, que no solo se presencia en las grandes ciudades sino que se vislumbra hasta en los recónditos pueblos que esconden las montañas, donde los líderes carismáticos se encargan de fraccionar a los ciudadanos por satisfacer sus intereses y caprichos políticos.
La polarización convierte a los pueblos, las ciudades y el país en un escenario perfecto para una batalla campal o un coliseo romano, llevando a confrontar las ideas a partir de costumbres y prácticas politiqueras que perjudican el escenario democrático.
El país hace unos meses pasaba por la batalla política entre el Santísmo y el Uribismo, escondidos bajo las opciones del SI y el NO en la campaña del plebiscito para aceptar los acuerdos de paz que sellarían el fin de conflicto entre el Estado Colombiano y el grupo guerrillero FARC, desatando una polarización en todo el territorio Colombiano, que se reflejo en los resultados de este y en los comentarios que expresaban las personas por las redes sociales avivando este fenómeno social.
El país se dividió entre Uribistas y Santistas, pero nos olvidamos que a lo largo y ancho del país y sobre todo en los pueblos recónditos, hay también divisiones políticas que alientan los sentimientos de rencor y tensión entre las pequeñas poblaciones por seguir y animar a sus líderes políticos que de todas las formas posibles buscan quedarse con los puestos públicos de sus departamento y sus municipios.
Un fenómeno que tensiona y dificulta todas las esferas de la política nacional, y complica el escenario democrático por las diferentes malas prácticas politiqueras que aprovechan y abusan los profetas políticos en sus territorios.
Hasta donde va llegar este fenómeno que se va a encargar de dividir a la sociedad, y fragmenta cada día más el territorio nacional por los anhelos políticos de unos pocos. En un periodos de post-acuerdos es indispensable romper todas barreras que nos mantienen divididos y unirnos en torno al prosperidad y paz de nuestros territorios



































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